
Para mí, cubrir una boda es un gran privilegio, cuando una pareja se abre hacia uno y le da acceso a las habitaciones más privadas de su alma, al fuego que ha forjado cada día su relación; cuando uno logra pasar desapercibido estando tan cerca en esos momentos tan definitivos y definitorios, es entonces cuando uno puede comenzar a hacer lo que fuimos llamados a ser: arte.
Captar un momento irrepetible en el tiempo, un sentimiento, su intimidad, su magia es lo que define mi vocación como artista gráfico. Tomar una fracción de segundo e interpretarla gráficamente no tiene comparación, es lo que me hace volver la semana siguiente y todavía disfrutarlo.
Este efímero momento muestra a Iralda y su hermana despidiéndose en su habitación antes de partir al remolino de la boda.
Salud

No hay comentarios:
Publicar un comentario